Dynamite Baits

21 noviembre, 2022 | Tips | Artículos | Novedades | Carp | Articles | Carpa

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PESCANDO ENTRE ALGAS

¡Frank Granados comparte sus consejos y tácticas para pescar en aguas llenas de algas!

Franko dice…

Este otoño nos reunimos un grupo de amigos para abordar una sesión de cinco días en uno de los embalses míticos del sur de España: El Encinarejo. A mí me pilla relativamente cerca pero no lo frecuento demasiado por el tema de las algas, no porque desconozca la forma de pescar en un escenario repleto de ellas, sino porque evito tener que forzar a los peces. De hecho, casi todas las capturas que conseguimos echar a tierra tenían la boca muy tocada.

Llegamos un jueves por la tarde, justo antes del anochecer. Montamos la barca, sonda y nos dispusimos a examinar la zona. A los 10 metros de la orilla, frente a mis cañas, se elevaba una muralla de algas que sobresalían del agua y con un espesor de 5 metros. Tras ellas se encontraba un fondo limpio de vegetación y duro. Así que elegí varias profundidades entre 7-10 metros y cebé intensamente la zona a base de boilies de Squid&Octopus, boilies de piña&banana y frolic, todo con un intenso remojado de Squid Liquid hasta dejar la mezcla totalmente negra. Nada de semillas pues hay un gran cantidad de pezqueñines que queríamos evitar.

Esa noche no pescamos, dejamos que comieran tranquilamente sin líneas de por medio. La actividad fue tremenda hasta el punto que parecía que los peces se iban a salir de agua.

Al amanecer de la mañana siguiente montamos los equipos. Lancé mi plomo para corroborar lo que marcó la sonda y efectivamente el fondo era duro, de piedra! Arrastro un poco la plomada y atranco sobre la marcha. No me lo podía creer! Salgo con la barca para evitar perder el montaje y fue imposible: ni para adelante ni para atrás, tuve que romper. De camino aprovecho para cebar la zona de forma más dispersa.

¡Un sabor clásico que les encanta a las carpas grandes!

Monto de nuevo y pesco con popups montados sobre Ronnie rig que se levantan del fondo así evitaría que los anzuelos se engancharan en las piedras y se despuntaran rápidamente. Volvemos a lanzar sin mover el plomo tras tocar el fondo.

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Tuve que esperar hasta el medio día para tener la primera picada. Aunque estaba pescando tras la muralla de algas, la línea estaba atorada en la vegetación y la pelea fue un poco rara pues notaba el pez a trompicones. Fue cuando éste llegó a la muralla cuando perdí el contacto por completo, forcé solo un poco y se desclavó.

10 minutos más tarde otra picada y la misma sensación. Cuando el pez se detuvo en las algas me metí con la barca y lo perdí a punta de sacadera. Era una bonita común muy morena, como esta sierra. Mis compañeros iban teniendo picadas con más suerte que yo pues ellos tenían una franca de algas mucho más estrecha y tampoco llegaban hasta la superficie.

A la tercera la vencida…. Otra picada y pez fuera del agua, otra bonita común.

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Poco más tarde se torció la pesca; perdí varios peces seguimos entre las algas y las piedras. Así que situé mis cañas más cerca de mi compañero para aprovechar y compartir la zona de lucha de los peces.

Después de dos días de actividad frenética, el cielo se encapotó y muchos peces abandonaron la zona. Aún así se dejaban ver de tarde en tarde, tanto comunes como royales.

De noche, tras el cebado intenso del atardecer, volvía la actividad y después de varios peces sacábamos las cañas para poder descansar un poco.

El día siguiente también amaneció nublado y nos pareció repetir algunos peces. Empezaron a recelar tanto de los popup como de cebo usado: Squid&Octopus y empezamos a sacar a la palestra otros sabores: Mulberry, Coco, RobinRed… con los que conseguimos algunas capturas más.

Llegó el lunes, penúltimo día y empieza a chispear con un ligero viento. Nosotros seguíamos con la rotación de cebos y mi compañero puso un popup de piña. Poco después consiguió un hermoso barbo gitano. Vuelve a lanzar y minutos más tarde otro barbo sobre la moqueta mientras los demás cebos no hacían nada. No había mucho que pensar y todos pusimos una caña con este boilie, lo que se tradujo en 6 barbos más para poner un broque de oro a la sesión.

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Al día siguiente, martes, era festivo y amanecimos rodeados de domingueros con la familia al completo para echar el día de campo: niños tirando piedras al agua, madres gritándoles, abuelas contando sus guerras, cuñaos cansinos… y aun así, mientras recogíamos, algún pez se dejó ver.

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